Siempre me han llamado la atención las tarjetas de visita por su poca utilidad. No entendía para qué servían teniendo teléfonos móviles, blackberries y cuadernos donde anotar.
De hecho ahora mismo estoy recordando un sitio donde se solía dejar tu tarjeta de visita para «certificar» que habías estado allí, para demostrar que habías ido allí sin importar el hecho de que habías estado porque te había dado la gana y no hacía falta certificar nada. «Certificar para los demás, no para ti»
